Sergio Villalobos: “La psicología no vende horóscopos, enseña a formular nuevas preguntas”
Entre cajas de cartón que apenas empieza a desempacar y el eco de una reunión sostenida con integrantes de la Federación de Centros de Estudiantes, Sergio Villalobos se acomoda en su nueva oficina. El entorno aún luce en transición, pero su voz, pausada y metódica, transmite la seguridad de quien conoce bien el terreno que pisa. Asignado en 2025 como nuevo director de la Escuela de Psicología de la Universidad Metropolitana (UNIMET), Villalobos combina la sensibilidad de la salud mental con el rigor de su primera formación como ingeniero químico.
Para él, la ingeniería le otorgó una estructura mental para manejar procesos complejos, una visión que ahora traslada al mundo de la psique humana. Su paso por la Dirección de Bienestar Estudiantil de la UNIMET le permitió entender de cerca las angustias de quienes transitan los pasillos del campus.

Villalobos reconoce que el salto del colegio a la universidad genera una ansiedad particular, marcada por la exigencia de autonomía y el manejo del propio flujograma académico. “Creo que tengo una visión un poco más amplia de la universidad”, afirma con la tranquilidad de quien busca casar la eficiencia administrativa con la excelencia académica.
La hoja de ruta de Villalobos se asienta sobre un trípode estratégico que busca modernizar la escuela sin perder de vista la cercanía con el alumno. El primer objetivo se enfoca en la optimización de procesos para que la institución responda con agilidad a las nuevas demandas tecnológicas de la universidad y resuelva con eficiencia los problemas cotidianos.
Esto se vincula directamente con un segundo eje: la automatización. Su propósito es el diseño de plataformas que reduzcan la intervención humana en tareas rutinarias, lo que permite al equipo centrar sus esfuerzos en lo que el director califica como importante frente a la presión constante de lo urgente.
Finalmente, el tercer propósito se concentra en la calidad de vida estudiantil bajo una metodología de trabajo “de abajo hacia arriba”. Bajo este enfoque, Villalobos busca que los cambios en la escuela nazcan de la voz de los propios estudiantes y egresados, tras identificar qué necesitan, qué les motiva y qué áreas de la carrera requieren un refuerzo. “Me gustaría muchísimo incorporar la voz estudiantil a los cambios que se hacen desde la escuela”, sostiene para marcar una diferencia con el modelo institucional tradicional.
La ética y el rigor ante un mundo globalizado
El mercado actual y el auge de las redes sociales han transformado el interés por la psicología, aunque Villalobos advierte sobre los peligros de la simplificación y el intrusismo de quienes se hacen pasar por profesionales. Frente a la ola de “coaches” e influencers, el académico defiende el acompañamiento ético y el rigor científico como el único camino real para la salud mental.
Para el nuevo director, la psicología no ofrece recetas mágicas ni respuestas universales ante el dolor. “Nosotros no vendemos horóscopos, sino que nuestras respuestas tienen que estar alineadas con la persona”, aclara para desmarcar la profesión de las tendencias banales del entorno digital.
La tecnología, y específicamente la inteligencia artificial (IA), es otro de los retos que la escuela asume bajo su mando. Si bien Villalobos la reconoce como una herramienta útil para la recopilación de técnicas y el contexto histórico, es tajante al diferenciarla de la labor terapéutica humana.
Tras evaluar investigaciones sobre el uso de la IA en terapia, el director destaca una carencia fundamental en el código de las máquinas: la falta de confrontación. “La inteligencia artificial es muy complaciente; nunca te dice que lo que haces no es lo correcto o lo más adaptativo”, explica al resaltar que un psicólogo real debe ser capaz de confrontar al paciente con sus propias complejidades.
En cuanto al perfil del egresado unimetano, destaca una impronta gerencial y emprendedora que permite a sus psicólogos liderar grupos y generar sus propias propuestas de atención. Esta capacidad de resolución es vital en el complejo contexto social y económico de Venezuela, donde la incertidumbre es la única constante.

Sostiene que el psicólogo hoy debe ser resiliente y capaz de enfocarse en lo que puede controlar para no sucumbir ante las crisis externas. Ante la precariedad, surge la creatividad y el uso de la telepsicología como una vía accesible para brindar atención sin los costos de un consultorio físico.
Villalobos se propone dejar un sello personal basado en el equilibrio y la aceptación de las incongruencias humanas. Su objetivo es que el estudiante aprenda a alejarse de la simplicidad de las redes sociales y entienda que cada tristeza o conflicto tiene una profundidad única.
Para lograrlo, planea una actualización constante del pensum que incluya materias como seminarios, las cuales conectan el pregrado con las tendencias del futuro. “A lo que tal vez quiero ir con esto es que podamos brindarles la capacidad para integrar mucho más y tener muy presente el tema de la ética”, concluye mientras se dispone a seguir ordenando, pieza a pieza, el futuro de la escuela
Villalobos posee una trayectoria de excelencia en la que obtuvo el primer lugar de su promoción en Ingeniería Química en 2019 y repitió el mérito en Psicología en 2023, carrera que culminó con mención honorífica en la misma universidad que ahora lo recibe como director.
A este perfil se suma una maestría en Psicología Clínica y de la Salud, además de una especialización en Psicología Positiva orientada al bienestar y la resiliencia laboral. Antes de este nuevo encargo, lideró el área de asesoramiento grupal de la institución. En ese espacio logró que la participación en grupos de apoyo creciera un 30%, una labor que benefició a más de 5.000 estudiantes y le permitió aplicar técnicas psicológicas para agilizar los procesos de análisis académico.












