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Antonia Pozzi

   

Traducción y selección: Carmen Leonor Ferro

La primera edición de Palabras se publicó en 1939 después de la muerte de Antonia Pozzi. El lector del momento tenía su atención puesta en una guerra que se iniciaría muy pronto. La poesía italiana de los años treinta se producía dentro del ambiente del hermetismo. Los grandes maestros como Ungaretti, Saba, Montale, habían estructurado una forma precisa para el poema, signada por la transgresión a figuras rimadas, pocas palabras y cierta inaccesibilidad al sentido. Este es el clima literario en el que crece Antonia Pozzi. Desde muy joven (comienza a escribir sus poemas a los dieciséis años) se interesa en la literatura, estudia filosofía y presenta como tesis de grado un ensayo sobre Flaubert. Dotada de una evidente delicadeza de espíritu, Antonia comienza a llevar un diario en forma de poesía que se publicará sólo después de su muerte y se reeditará en el 2001 bajo la supervisión de Alessandra Cenni.

El prólogo de la primera edición de Palabras fue escrito por Eugenio Montale; en él, el poeta expresa su preocupación por lo que hasta ese momento ha sido enItalia la poesía femenina, tentada por la confesión, el “desahogo” emocional y el exceso de palabras. Montale advierte al lector estar frente a una poesía escrita con conciencia de estilo pero profundamente íntima: “No es frecuente que los poemarios de hoy den el retrato entero de una persona”.

No obstante la opinión de Montale, en aquella primera edición, el padre de Antonia ha excluido poemas, frases, signos de puntuación, con el intento de “limpiar” la obra. De manera que es sólo en la última edición de Garzanti 2001, cuando en Italia se publica la obra completa de Antonia Pozzi tal y como fue escrita originalmente.

A pesar de que formalmente los textos de Antonia pueden obedecer a una estructura “culta” llena de construcciones “literarias”, ese recurso no entorpece la limpidez de los poemas ni oculta el sentido de sus imágenes. Uno de los principales atributos de su poesía fue expresar sin reservas un universo personal, a pesar de que ello se atribuyera a una poesía femenina desprestigiada, y corriera el riesgo de ser rechazado por el mundo literario.

Su obra –su diario íntimo–, revela, incluso desde algunos de los primeros poemas, una conversación incesante conla muerte. Las recurrentes imágenes oscuras nos hacen sentir una especie de cortejo atrevido al inframundo y sugieren que desde muy temprano Antonia comenzaría a preparar su visita.

En 1938, a la edad de 26 años, Antonia Pozzi muere, suicida, atormentada por el ambiente de la guerra. Pocos años antes había anotado en su cuaderno de poesía –del que hemos seleccionado los poemas que presentamos en esta edición– “como de rama en rama /un caer /ligero /de pájaros /cuyas alas ya no sostienen”.

Carmen Leonor Ferro



El pasillo de las monjas

Quizás tengas razón:
quizás la verdadera paz
sólo pueda encontrarse
en un lugar oscuro como éste,
en un corredor de colegio
donde las niñas se pasean cada día
dejando en las paredes
abrigos y capuchas;
donde los ancianos pobres
que vienen a pedir
se contentan con unas pocas monedas
ofrecidas por Dios;
donde temprano en la tarde, por culpa
de las ventanas estrechas,
se encienden las lámparas
y no se espera
ver morir la luz,
ver morir el color y el relieve de las cosas,
pero se va al encuentro de la noche
con otra luz encendida en lo alto
y el alma que arde no sufre
la revelación de la sombra.

Milán, 12 de noviembre de 1931

Desbordamiento

Por tanta vida que llevo en la sangre
tiemblo
en el vasto invierno.

Y de pronto,
como por una fuente que se desata
en la estepa,
una herida que en el sueño
se reabre,

nacen pensamientos
en el castillo desierto de la noche.

Criatura de fábulas, por las mudas
habitaciones donde se consumen las lámparas
olvidadas,
transcurre leve una palabra blanca:
vuelan palomas desde la azotea
como en un paisaje de mar.

Bondad, regresas a mí:

se deshace el invierno en el desbordamiento
de mi sangre más pura,
el llanto aún puede ser nombrado dulcemente perdón.

12 de enero de 1935


Desconfianza

Tristeza de estas manos
pesadas
que abren las llagas
más leves
por dejar una impronta—

tristeza de esta boca
que dice
tus palabras
—entendiendo otras cosas—:
esta es la forma
de la más desesperada
distancia.

16 de octubre de 1933