Emily Dickinson
Traducción y selección: Hanni Ossott.
Lo primero, como siempre, es un lugar común, lo que equivale a decir,
un lugar aceptado: la poesía es un misterio. Luego, otros "misterios":
¿por qué Hanni Ossott eligió traducir estos poemas de Emily Dickinson; por qué estos y no otros;
por qué escogió entre otras cosas esta poesía tan difícil;
por qué llevar a cabo esta empresa llamada desde el comienzo al fracaso;
por qué subrayar eso que significa, ya no publicar los poemas que la poeta norteamericana
escribió para no ser publicados, sino, esta vez, violentando al límite
la decisión tomada de anonimato y silencio, de quietud en el cese
de la muerte, vertirlos a otro idioma, tan diferente del original, lo que
equivale, como toda traducción lo hace, a traicionarlo?.
Todo converge, me parece, en el intento de tocar algo, en el balbuceo que también
es fragmento, que también es poesía:
Ver el cielo de verano
Es poesía, aun cuando nunca descanse en un libro
Los poemas verdaderos escapan
Pienso en la casa de agua de Hanni Ossott, lo que para ella es su casa, y
en la casa encantada que era la poesía para Emily Dickinson, y en
los espacios para ser preservado y en los lugares de protección.
Adrienne Rich, con la poderosa inteligencia que tiene, escribió un
ensayo que me resulto muy estimulante porque me reveló aspectos poco
tomados en cuenta por la crítica literaria en relación a la
vida y a la obra de la gran poeta norteamericana del siglo XIX. "Di toda
la verdad- pero dila al sesgo", traduce Ossott uno de los poemas más
conocidos de "La bella de Amherst".
Según Rich, el deseo de Dickinson de permanecer en su casa, y más
aun, en los límites de su habitación donde escribió
los 1.775 poemas que dejó al morir para ser destruidos, significó,
no una rareza o una muestra de sicopatía, sino una forma de preservar
y administrar su poder en un medio adverso para cualquier mujer, como es
fácil aceptar, fue la Nueva Inglaterra de aquel tiempo. En todo caso,
se esperaba de las mujeres que escribieran poemas acerca de pájaros
y flores, cosa que Dickinson también hizo, por cierto, cuando en verdad
"la poeta se experimenta a sí misma como una pistola cargada, como
una energía imperiosa".
Al aceptar el riesgo que significa "entrar
en los reductos de su propio ser", Dickinson necesitaba un lugar donde se
sintiera absolutamente protegida. Porque la poesía, continúa
diciendo Rich en el ensayo que comento, "es siempre lo que está bajo
presión en nosotras, especialmente bajo la presión del ocultamiento".
Necesariamente, hay que protegerse, del llamado del poema, de su dominio,
porque "un oído puede quebrar un corazón humano".
La poesía para Hanni Ossott es oración. Ninguna poeta ni poeta
de este país se ha expuesto tanto como ella. Su último libro
publicado, sobre todo, es una sobrecogedora y lacerante confesión
de alguien que ha sufrido mucho. Me gusta pensar que estos treinta y ocho
poemas que Hanni Ossott ha traducido del inglés son también
oraciones para pedirle a Emily Dickinson algo de su poder y protección
para sostenerse en la dura elección compartida.
Yolanda Pantin
Adrienne Rich. Sobre mentiras, secretos y silencios. Icaria, Barcelona, 1983.
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Esto es todo lo que tengo para traer hoy–
Esto, y mi corazón al lado–
Esto, y mi corazón, y todos los campos–
Y todos los prados vastos–
Seguro, tú cuentas –podría yo olvidar
A alguna que pudiese decir la suma
Esto, y mi corazón, y todas las abejas
Que moran en el trébol
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No tengo nada más que traer, tú sabes–
Así, sigo trayendo éstas cosas–
Igual que la noche sigue mostrando estrellas
A nuestros comunes ojos–
Quizás no podamos notarlas–
A menos que ellas no lleguen
Entonces –quizás, ello nos confundiría
Para encontrar la vía a nuestra casa–
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Esa dulce oscuridad donde ellos habitan podría
Ser revelada a nosotros
El grito por sus amabilidades
Rebasarían la soledad
Emily Dickinson
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